Bem, un lémur en fuga: una joya de la animación mexicana llena de corazón, barrio y empatía

Bem, un lémur en fuga Visdom

Hay películas que no necesitan hacer ruido para quedarse contigo. Bem, un lémur en fuga es una de ellas. Más que intentar imponerte un mensaje, la cinta observa, acompaña y deja que el espectador descubra por sí mismo lo que hay detrás de su historia.

Dirigida por Leopoldo Aguilar y escrita por Dariela Pérez Hernández, la película parte de una premisa sencilla, pero muy bien aterrizada en lo emocional.

¿De qué trata Bem, un lémur en fuga?

Bem el lemur

Bem, un pequeño lémur, es robado por traficantes de animales exóticos y llevado a la Ciudad de México, donde termina en un entorno completamente ajeno a su naturaleza.

Ahí conoce a Irene, una niña que vive prácticamente aislada del mundo: no sale de casa debido a sus alergias y su contacto con el exterior se limita a su tío Lupillo, el internet y sus amigos, Lola y Bruno. Su vida transcurre entre pantallas y rutinas cerradas hasta que aparece Bem.

El encuentro entre ambos rompe ese encierro emocional. Irene, que no había tenido un vínculo real fuera de lo digital desde la muerte de sus padres y de su hermanito, encuentra en Bem a su primer amigo de verdad. A partir de ahí, la historia toma forma como un viaje pequeño en escala, pero significativo en intención. Con la ayuda de sus amigos, Irene buscará devolver a Bem a su hogar.

Un guion que entiende el ritmo de lo cotidiano

El trabajo de Dariela Pérez Hernández no busca giros forzados ni momentos exagerados. El guion se construye desde lo cotidiano, desde pequeñas interacciones que poco a poco le dan forma a la relación entre Irene y Bem.

Hay algo muy claro en cómo está escrita la película: no tiene prisa. Prefiere observar antes que explicar, y eso le permite construir personajes que se sienten cercanos sin necesidad de subrayarlos.

Dirección que sabe dónde poner la cámara

Bem un lémur en fuga Still

La dirección de Leopoldo Aguilar tiene detalles muy bien pensados. Uno de los más interesantes es el uso de encuadres en momentos íntimos, como las videollamadas, donde la cámara da la sensación de aislamiento del personaje y muestra una maestría en la animación del equipo encargado.

No son decisiones llamativas, pero sí precisas. Aguilar entiende que la historia funciona mejor cuando se siente vivida, no dirigida.

Una estética que remite a los cartoons noventeros

Visualmente, la película tiene una identidad muy clara. La colorimetría cálida y vibrante remite directamente a caricaturas como The Wild Thornberrys y Rugrats, no como copia, sino como referencia emocional.

Aquí el trabajo técnico vuelve a recaer tanto en la dirección de Leopoldo Aguilar como en el guion de Dariela Pérez Hernández, que entienden que el barrio no solo se construye con locaciones, sino también con color, textura y ritmo visual.

El barrio como espacio reconocible, no como discurso

Bem, un lémur en fuga

Uno de los mayores aciertos de la película es cómo retrata el entorno. No hay extremos ni caricaturas sociales. Aquí vemos a la clase media trabajadora: la que usa transporte público, la que vive el día a día y, sobre todo, están los personajes: El heladero amable, la señora a la que le encanta el chisme, el tío bailador, chambeador y dicharachero.

No están ahí para adornar, sino para construir un entorno que se siente real.

La crueldad que se esconde en lo cotidiano

La película no es un discurso de concientización directa, pero sí deja ver cosas que normalmente ignoramos.

Un ejemplo claro es el de los pollitos de colores. Algo que muchas personas ven como inofensivo, pero que en realidad esconde prácticas de crueldad animal profundamente normalizadas. ¿O pensabas que los pollitos de verdad nacen morados?

La amistad como punto de equilibrio

Bem y Yo

La relación entre Irene y Bem funciona porque no está forzada. Se construye desde la necesidad de compañía, desde el silencio y desde la empatía.

No se trata solo de proteger a un animal, sino de entenderlo, de acompañarlo y, en cierta forma, de complementarse emocionalmente.

Un doblaje de 10

Niños en Bem

El trabajo de voces es otro de los puntos fuertes.

  • Irene: Zöe Ivanna Mora
  • Lupillo: Idzi Dutkiewickz
  • Bem: Mateo Mendoza y Monserrat Mendoza (reacciones)
  • Doña Chayo: Magda Giner
  • Doña María: Yolanda Vidal
  • Bruno: Sebastián Alvaberra
  • Lola: Itzel Mendoza
  • Juan: Emilio Treviño
  • Pancho: Alan Velázquez

Destaca especialmente el trabajo de Idzi Dutkiewickz, quien logra un tono completamente distinto a lo que suele hacer en producciones como Rápido y Furioso (Dominic Toretto) o Avengers (Tony Stark).

Una animación que demuestra de qué está hecho México

La animación es bellísima. No necesita compararse con grandes estudios para sostenerse, porque entiende muy bien su estilo y sus limitaciones.

Una sensación que se queda contigo

Al final, Bem, un lémur en fuga, no busca darte una lección. Te deja con una sensación.

Una especie de bocanada de aire fresco que te recuerda la importancia de la camaradería, la unión, la familia y la cercanía con los animales que nos rodean.

También te deja algo más simple, pero igual de potente: la certeza de que esa historia podría estar pasando en tu colonia.

Y quizá por eso funciona tan bien. Con ese equilibrio entre técnica, identidad y emoción, Bem, un lémur en fuga, tiene todo para quedarse en el top de las mejores películas animadas hechas en México y, por qué no, también a nivel mundial.

VISDOM, sabiduría en entretenimiento.

Brian Prado

By Brian Prado

He plasmado historias en medios como Spoiler, Filmsteria, Alternativo.mx, Paloma & Nacho, TV Azteca y, hoy en día, dirijo mi más preciado proyecto Visdom.mx

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